Otra semana más aquí nos tenéis para contaros lo bien que nos lo pasamos en la montaña.
Este Sábado hemos decidido quedarnos cerca y disfrutar de una de las maravillas de la naturaleza que tenemos al lado de casa.
Por supuesto hablo de Sierra Espuña. Templo de la reforestación y un “bien natural” que todos debemos saber respetar y admirar como se merece.
Como cada vez que caminamos por esos parajes, no podemos dejar de agradecer a D. Ricardo Codorniú la impresionante labor realizada a primeros del siglo pasado, transformando un terreno yermo y baldío…
en un fabuloso parque natural :
DESCRIPCIÓN DE LA RUTA:
Como buenos madrugadores que somos pretendíamos comenzar la ruta lo antes posible, y para ello, antes de las 8 de la mañana ya estábamos esperando a los Forestales para que nos abrieran las “puertas del campo” que dan acceso a la parte más alta del parque y que se encuentran situadas en el comienzo del camino de La Carrasca.
No tuvimos que esperar mucho y antes de las 8:30 ya nos habíamos puesto en marcha.
En esta ocasión y aunque no nos gusta mucho ir con la hora “pegada al culo” no nos apetecía llegar muy tarde a casa y por eso fuimos dando algo más de caña de lo recomendable.
Comentar también que un nuevo fatigante se nos unió para esta caminata. Jose, (mi amigo MAC), alhameño de pro, nos acompaño por una zona que él conoce perfectamente.
La ruta comienza descendiendo por el asfalto unos 50m para tomar el camino que parte por la izquierda buscando el Collado Mangueta. De este camino nos separamos de nuevo a los pocos metros tomando una senda ascendente, que pronto gana inclinación y que nos hace entrar en calor incluso antes de tomar conciencia de lo que estábamos haciendo.
Un poco de esfuerzo y rápidamente llegamos a la cumbre del collado. Continuando todo el tiempo por la parte alta nos vamos dirigiendo hacia el morrón de Alhama. El sendero está marcado con piedras, y aunque es fácil perderlo, la dirección se sigue con facilidad, acercándonos poco a poco al primer objetivo del día.
Un tímido sol de invierno nos va descubriendo el paisaje, que como nos viene siendo habitual últimamente nos regala un mar de nubes precioso.
Tras superar un pequeño paso un poco más complicado que el camino que llevábamos, el horizonte de nuevo se nos presenta delante de nuestros ojos, en el cual vemos la caseta que custodia el vértice geodésico del Morrón Chico.
El viento nos azota con muchísima fuerza por lo que se agradece el cobijo que nos proporcionan las paredes de la construcción. Descansamos unos minutos para tomar unas fotos y disfrutar del bello paisaje que en una fría mañana de invierno nos regala nuestra querida sierra.
Durante el pequeño descanso comentamos, como siempre, otras veces que hemos pasado por allí. Nos congratulamos del buen tiempo que estamos pillando este invierno e imaginamos nuevos posibles destinos que llenan de ilusión nuestras castigadas cabezas en estos días tan “de crisis”.
Es un placer poder regalarnos esto cada fin de semana. Unos días somos unos y otros días otros, pero el espíritu es siempre el mismo.
Seguramente el trago de mantellina que portaba Mac hacía que estos sentimientos se vieran un pelín magnificados. Gracias Jose, !! estaba de muerte !!!
Rejuvenecidos de espíritu una vez más continuamos la marcha. Llevamos muy buen ritmo pero al final siempre se nos pega el arroz y no queremos que esta vez nos vuelva a pasar lo mismo.
Desandamos parte del camino recorrido para ir dirigiéndonos a la derecha. La senda, que transcurre paralela a la pista forestal del Leiva nos debe ir llevando hacia el Collado Blanco y Fuente Blanca para después ir descendiendo bruscamente hacia Prado Mayor.
En este tramo no dimos con el camino correcto y fuimos un poco “fuera de pista”. El recorrido era perfectamente transitable, pero aviso para aquellos que nos soliciten el track para que después no se lleven sorpresas.
Nos debemos encontrar por este tramo con una pedrera que hay que descender. Sin peligro alguno salvo la incomodidad del camino la transitamos, disfrutando de la magnificencia de una naturaleza que nos recuerda otras de mayor entidad.
Sin posibilidad de pérdida pues la montaña nos va llevando en la dirección correcta seguimos descendiendo hasta conectar con la pista que lleva a Prado Mayor.
Poco después de pasar una preciosa casa que nos queda a la derecha encontramos una valla a la izquierda con una puerta que deberá estar abierta, y que nos da acceso al barranco de Malvariche.
Una pequeña parada para admirar el bosque que se nos presenta bajo nosotros y comenzamos el descenso…
En el sendero encontramos mucha vegetación que hay que sortear, y también muchos árboles tirados por el pasado vendaval.
Cruzamos en varias ocasiones el arroyo, que continuamente nos regala la música de sus pequeñas cascadas y torrentes.
Tras salir del cauce del arroyo el paisaje se nos abre. Estamos llegando a las casas de Malvariche, punto más distante de nuestra ruta y donde pararemos a tomar una bien merecida recompensa.
En los “almuerzos” cada uno somos muy de nuestro padre y nuestra madre. Un servidor es más de fruta y barritas. Otros como Wen desplazan una infraestructura monumental armados con sacacorchos, hornillos, sartenes y demás.
He de decir que gracias a gente como él los demás disfrutamos de unos aperitivos sensacionales.
En esta ocasión la estrella femenina fue una botella de vino que, sin menospreciar la calidad del mismo, dadas las circunstancias no era comparable ni al mejor de los caldos del mundo.
La otra estrella fue un chorizo de El Bierzo (tierra del que suscribe) con un tono picantón que previo paso por la sartén hizo las delicias de todos los presentes.
Supermineralizados y supervitaminados nos armamos de valor para emprender el regreso, el cual haríamos a “toda pastilla” pues una vez más, se nos pega el arroz.
Hasta el abrevadero que hay siguiendo la pista de Prado Mayor el camino de regreso es el mismo que el de ida.
En este punto nosotros remontamos siguiendo el pequeño valle que tenemos en frente pero siempre por la vertiente de la izquierda.
Con síntomas de cansancio vamos poco a poco ganando altura por un paisaje de “alta montaña” que nos llevará hasta un pequeño bosquecillo, ya muy cerca del final de la etapa.
Lo que vamos buscando son los Pozos de Murcia en donde terminaba la pista que tomamos en un inicio y que abandonamos nada más comenzar. Continuando por ella, un fácil transitar nos lleva de vuelta al coche.
La ruta desde luego que ha merecido la pena. La diversidad de paisajes en un espacio tan reducido de espacio, la dureza del camino en algunas ocasiones, el saber que estas pisando naturaleza pura que todos debemos querer conservar, tan cerca y tan diferente, todo ello nos hace disfrutar y desear repetir una y otra vez nuestros paseos por sus laderas.
Por el cariño que le tenemos a esta zona os recomendamos encarecidamente que disfrutéis de la multitud de senderos que este parque os ofrece. Escalada, BTT, senderismo, etc… todo aquí está permitido, pero todo debe respetar estos parajes tan bellos como frágiles y delicados.
DATOS DEL RECORRIDO :
Datos y evaluación del recorrido según M.I.D.E.

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